La pluralidad y el respeto a las diferencias es la única forma de convivencia que permite crecer y desarrollar todas las potencialidades del ser humano, sin temor al rechazo o a la marginación.
Rechazamos el sentimiento de culpa, el miedo, el autoritarismo, la imposición de ideas y la violencia como motores de la educación familiar y social.
Creemos que el ser humano tiene derecho a disfrutar del placer, en una forma responsable e integral, en todas sus dimensiones: amistosa, física, intelectual, laboral, artística y espiritual.
Nos oponemos a la enajenación y la marginación del ser humano en cualquier área de su vida. Abogamos por la eliminación de los estereotipos sociales y culturales que sólo limitan el entendimiento y el potencial humano.
Nos pronunciamos por el ejercicio libre, responsable, informado y placentero de la sexualidad, considerándolo como un derecho inalienable en todas las etapas del ciclo de vida del ser humano.
Creemos en la tolerancia y en la solidaridad como vías de transformación individual y comunitaria para generar una nueva sociedad en la que se reduzca la marginación a grupos actualmente vulnerables.
Consideramos indispensable el análisis constante de la dinámica poder-amor en las relaciones humanas, así como el estudio y la valoración de lo cotidiano en la vida social, familiar y de pareja.
Creemos en la generación de una cultura preventiva, más que resolutiva, y en la búsqueda de alternativas para lograr un actitud de interés social.
En la medida en que el ser humano se conozca, se acepte y se ame será capaz de solidarizarse, organizarse e integrarse a su entorno.
Pensamos que sólo a través de la organización grupal y social, integrando elementos afectivos, intelectuales, sociales y económicos, el ser humano será capaz de transformarse a sí mismo y a su entorno.
Buscamos generar espacios de encuentro y tolerancia, como parte de la educación para la diversidad y así poder construir el pluralismo democrático que anhelamos.